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Dios contra el Dragón Rojo

Cómo está floreciendo el adventismo en la China ateísta

Historia por Taashi Rowe
Publicado 5/30/12


Rebekah Liu y Nieves Yang son pastores en Shanghai.
Mientras avanzo en un metro repleto, pienso que esto podría ser la Ciudad de Nueva York o Chicago, excepto que al mirar alrededor, cientos de los pasajeros son todos chinos. Soy una mujer occidental de raza negra, y una anomalía que atrae muchas miradas. La fascinación es mutua. Miro sus cabellos coloridos al estilo occidental, vestimenta y artilugios, en el corazón de este sistema de metro limpio, moderno, y eficaz. Cuando por la fuerza de la multitud salgo disparada en la Plaza del Pueblo, subo las escaleras mecánicas y trato de maniobrar en medio de la muchedumbre bulliciosa en una de las ciudades más grandes e internacionales de China. Situada en las riberas del estuario del Río Yangtzé, Shanghái es un cuadro de riquezas y modernidad.

Con su infinita mano laboral de 1.3 billones de personas, ateístas, la China comunista ha surgido como la segunda economía más grande del mundo. Aún así, a pesar de las idiosincrasias de sus muchas ciudades occidentalizadas— innumerables rascacielos, crecientes riquezas, aumentos que conlleva el consumismo, y las libertades en aumento—mi guía de turismo me dice que millones de habitantes de China están corriendo a las mezquitas, iglesias, y templos, para aprender más acerca de Dios, que, por los pasados sesenta años, no existía para ellos. Técnicamente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día no existe tampoco aquí, sin embargo, durante mi visita de trece días, aprendí que hay aproximadamente cuatrocientos mil adventistas en la China continental.

Una lección sobre crecimiento

En nuestro comité ejecutivo el pasado noviembre, conocí por primera vez a la pastora Rebekah Liu—quien me pareció extremadamente inteligente y casualmente elegante. Habló vehementemente, audazmente, y cautivantemente sobre el rápido crecimiento de la iglesia en su tierra natal.

Curiosa de ver cómo la iglesia en China está creciendo, lo que podemos aprender de ellos, y cómo podríamos tal vez satisfacer sus necesidades, me uno a Dave Weigley, presidente de Columbia Union, y Raj Attiken, presidente de Ohio Conference, en un viaje por el país. Después de visitar a la pastora Liu en Shanghái, viajamos a Pekín, Hangzhóu, Wenzhóu, Xi’an, Chengdú y, finalmente Hong Kong, y nos sumergimos en la historia, cultura, políticas, religión, y pueblo antiguo de este país. Más importante, conocemos hermanos y hermanas adventistas que trabajan vehemente e incansablemente contándole a la gente acerca de Dios y cuánto los ama Él.

Pasamos el primer sábado disfrutando de una santa cena en Shanghái. El pastor asociado de la iglesia nos recibe en el arco principal que sirve como entrada a la hermosa catedral gótica estilo occidental. No podemos calcular inmediatamente el número de asistentes al unirnos a varios grupos dispersos que están participando en el lavamiento de pies. Sin embargo, para cuando todos regresan a sus asientos, nos es evidente que aunque la iglesia tiene cabida para mil quinientas personas, éstas sobrepasan la capacidad. La gente se sienta sobre el piso y aún en el vestíbulo para escuchar el mensaje. Al cantar en el dialecto mandarín cantos como “Su amor me levantó” y “Jesús me ama”, me siento mucho más en casa.

Malezas en la acera

Durante nuestros viajes aprendimos que la China continental se considera como un territorio no organizado de la iglesia adventista. A pesar de una feligresía creciente, no hay instituciones adventistas—seminarios, hospitales, escuelas, centros gerontológicos, ni publicadoras.  Ya no.

Pronto supimos por qué. “He pasado todo mi ministerio trabajando para el pueblo chino”, nos cuenta John Ash al sentarse para el almuerzo del sábado en un restaurante vegetariano de primera clase en Hong Kong. El americano alto y delgado, se trasladó a China en 1970, y sirvió como maestro, pastor, y presidente de Taiwan Conference, y ahora es secretario asociado de Chinese Union Mission (CHUM). CHUM, con sede en la antes Hong Kong británica, aunque respalda las iglesias continentales, tiene poco alcance administrativo en ese lugar.

Ash nos habla de cómo China experimentó un período donde durante sesenta años, la religión—incluyendo el adventismo—no existía. “Entonces pocos puntos de luz comenzaron a aparecer”, menciona él. “Al principio, no se nos permitía adorar en sábado, pero ahora, en algunos casos, tenemos nuestras propias iglesias”.

También nos encontramos con el pastor Edmund Cao, de cuarenta años, un egresado de Southwestern Adventist University (Texas), que dirige la obra en la región occidental. Estando en un tren ruidoso y lleno en Hong Kong, explica lo difícil que puede ser el evangelismo en Asia. “Muchas personas no creen en seres supernaturales y ven el cristianismo como una herramienta imperialista”, expone él.

Aún así, la iglesia está creciendo. “Describiría el crecimiento en China como malezas en las grietas de una acera de hormigón”, comenta Cao. “De alguna manera encontramos alguna forma de crecer”.

La pastora Liu está de acuerdo. A pesar de algunas restricciones, dice que: “Ahora es el momento de más libertad para los partidarios religiosos en China”.



Las mujeres sostienen la mitad del cielo

Al hablar con diferentes personas, nuestro grupo se emociona al saber del modelo apostólico de congregación de la iglesia continental. Ash calcula que hay unas cuarenta y ocho “iglesias madre”, a veces con cientos de plantaciones. En Wenzhóu City—llamada la “Nueva Jerusalén” por su plétora de iglesias—un hombre de negocios tiene múltiples congregaciones. Él nos anfitriona el almuerzo en un suburbio muy elegante, nos da un paseo de una hermosa iglesia con techo triangular construida con cedro, y nos cuenta de las doscientas congregaciones que él pastorea. Muchas de sus iglesias comenzaron al viajar por el país en sus negocios.

“Los chinos son prácticos” es una afirmación que escuchamos frecuentemente durante nuestra visita. Y por ello, con una proporción de un pastor cada cuatro mil miembros, las iglesias continentales deben depender en alto grado de los ancianos de las iglesias locales. También es común y práctico que las mujeres, quienes componen la mayoría de la feligresía, pastoreen las iglesias continentales y varias en los territorios chinos. Hasta pueden ser ordenadas en el continente. Esto se debe en parte a que la igualdad de género es el foco de la filosofía comunista, y como Liu lo expone citando al director Mao Zedong, padre del movimiento comunista en China: “Las mujeres sostienen la mitad del cielo”.

Ella, su madre de sesenta y nueve años, Zhengyi Qin, y su hermano David Liu—todos ministros adventistas ordenados—son responsables de cuatrocientas iglesias en catorce provincias alrededor de la provincia Sichuan. Qin inició la mayoría de ellas, pero estas no son las iglesias más grandes dirigidas por mujeres en China. Según Ash, otra mujer pastorea ochenta iglesias, la más grande con asiento para cinco mil. En el oeste, estas mujeres serían igual a presidentes de Asociación y Unión.

El esposo de Liu, De-Zhang Zheng, que sirve como pastor asociado en una iglesia en Shanghái con otra mujer ordenada, afirma que las mujeres ancianas de iglesia datan desde 1949, y que la primera mujer pastora fue ordenada en los años de 1980.

“Cuando elegimos pastores aquí, el género no pasa por nuestra mente; solamente quien está disponible y capacitado”, dice él. “Algunas personas podrán decir que vamos en contra de la iglesia, pero ordenamos mujeres por la necesidad de la obra. Si hubiera una razón teológica para no ordenar a las mujeres, no prosperaríamos”.

Sobre el tema de la ordenación, Cao lo apoya “mientras que la obra de Dios avance”, dice él. “No deseo tener idea humana alguna que dificulte su obra”.

Liu está consciente de su llamado. Recordando cómo Dios sacó a su familia del ateísmo para convertirse en una de sus evangelistas más elocuentes, ella dice: “Si me dicen que Dios nunca me llamó, [yo diría]: ‘No. Eso es una mentira”.

La necesidad de preparación

Cuando conocí a Nieves Yang, de veintiséis años de edad, una de las pastoras en el grupo de Zheng, me sorprendí al saber que posee un título en el idioma español. Estando en la universidad, decidió entregarle su vida a Dios. Cuando compartió su deseo con los pastores y ancianos de la iglesia, la condujeron para convertirse en una pastora.

En el Oeste, o aún en Hong Kong o Taiwán, Yan podría estudiar en una universidad adventista. En cambio, dedicó tres años dando estudios bíblicos y sirviendo como voluntaria donde se la necesitaba. “Me pusieron a trabajar para que Dios mismo me capacitara”, dice ella. Hoy, ella es una pastora de tiempo completo en camino a la ordenación.

La historia de Yang es típica. “La mayoría de los pastores en China no han tenido una preparación formal teológica”, informa Cao.

La pastora Liu es poco común. Ella posee una licenciatura y maestría en teología y está completando un doctorado en estudios Nuevo Testamentario en el seminario teológico Adventista del Séptimo Día de la Universidad de Andrews (Michigan).

Todo para su gloria

No puedo dejar de sentirme inspirada e iluminada por mis viajes en China. Sin una estructura corporativa típica, muchos de nuestros hermanos chinos ven el ministerio como una responsabilidad personal. Me hacen recordar que Dios no puede limitarse. Él se revela a las personas de todas las naciones, lenguas, géneros, y niveles educativos. Es claro que Él puede usar a cualquier persona para su gloria.