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Desde el mismo comienzo

La educación en la primera infancia ofrece prometedores comienzos para los pequeñitos

Historia por A. Grace Brown
Publicado 2/29/2012

“Dios me ama—aún cuando me equivoco.  Aún cuando lo hago a propósito”. Si Usted  pudiera enseñarle esta verdad a un niño, ¿cómo lo haría y cuando comenzaría? ¿Esperaría hasta que por lo menos pueda caminar? ¿Hablar? ¿Escribir?

Los estudios realizados por Child Welfare Information Gateway, muestran que el crecimiento más rápido del cerebro que experimentan los niños, es durante los primeros años de sus vidas. Para cuando un niño normal cumpla los tres años, su cerebro ha formado cerca de 1,000 trillones de conexiones—¡el doble de lo que tiene un adulto! El cerebro de un niño permanecerá densamente conectado hasta alrededor de los once años, el momento en que el cerebro comienza el proceso de “podar” para reducir las conexiones extras o no usadas, y crear orden en las que permanecen.

Según Evelyn Sullivan, directora asociada del Departamento de Educación y Cuidado  para la Primera Infancia (en inglés ECEC), de la Unión de Columbia, en los primeros años del niño—especialmente desde el nacimiento hasta la edad de los cinco años—se prepara el camino para el desarrollo físico, espiritual, social, emocional, académico, y aún moral. Por eso es tan importante que los primeros años estén llenos de amor, seguridad, y oportunidades para la exploración creativa. Estos primeros años, dice ella, también son el mejor momento para presentarle a Jesús.

Sullivan explica que los niños aprenden a través del juego y la interacción práctica, y al usar los cinco sentidos en cada experiencia—desde hacer las compras y jugar hasta leer historias juntos—se provee momentos maravillosos para la enseñanza de largo alcance. Los padres y maestros son los adultos primarios y primeros que un niño conocerá, y por lo tanto los más importantes en la vida de un niño. Al recorrer las experiencias normales en la crianza de un niño, los padres tienen la maravillosa oportunidad y responsabilidad de influenciar cada aspecto del desarrollo de su niño.


Compartiendo la responsabilidad


Sligo Child Development Center de la Asociación del Potomac, en Takoma Park, Md., abrió en el 1991 y actualmente educa a cuarenta niños originarios de por lo menos diez países.
Hay otros adultos interesados que comparten esta responsabilidad, señala Sullivan, y entre ellos está la iglesia y sus educadores. La Iglesia Adventista del Séptimo Día ha colaborado con los padres desde 1870 para apoyar la educación integral de la mente, el cuerpo, y el espíritu. Sin embargo, en los recientes años, los programas de educación en la primera infancia han llegado a cumplir una función más crítica en los niños pequeños.

La Oficina de Educación de la Unión, estableció el Departamento de ECEC en el otoño del 2008 para “asegurar que todos los niños y las familias tengan acceso a programas seguros, Cristo-céntricos, de alta calidad, y apropiados para la edad del desarrollo, que preparará a los niños para el éxito futuro”. La oficina ECEC también fomenta la vigilancia en el desarrollo del niño para que se pueda tratar temprano, cualquier retraso o necesidades especiales en el aprendizaje, lo que podrá dar resultados positivos en los años futuros.

Sullivan comparte lo siguiente: “Sería algo maravilloso si un padre en cada hogar pudiera quedarse en casa y enseñar a sus niños hasta el segundo grado, pero tristemente en la sociedad actual, esto no es práctico. Los primeros cinco años de la vida de un niño son esenciales para el aprendizaje. Si un padre no puede proveer la preparación necesaria en el hogar, entonces la experiencia preescolar en un ambiente cristiano podrá facilitar el proceso de aprendizaje. Los niños que asisten a programas de primera infancia demuestran mejores habilidades sociales y  mejor capacidad de atención. Sin embargo, no existe un sólo método de instrucción adecuado para todos los niños”.

Hay sesenta y dos programas de primera infancia en la Unión de Columbia que sirven a casi 1,500 niños entre las edades de seis meses y los cinco años de edad. Los programas varían desde centros para la primera infancia o preescolares, dirigidos por las iglesias o escuelas, hasta programas más sistemáticos de pre jardín, dirigidos por las escuelas. Treinta y tres de estos lugares participan actualmente de un programa piloto y usan Gold Assessment (una herramienta para el asesoramiento de observación continua que se basa en la investigación, para los niños desde su nacimiento hasta jardín de infantes) y Creative Curriculum System (un plan de estudio actualizado para el nivel preescolar, publicado en julio del 2011). Los miembros del personal ECEC, recientemente recibieron formación práctica para aprender cómo implementar el currículo.


El amor de Dios en acción


Aunque más de la mitad de los estudiantes de Andrews Development Center del Potomac, en Takoma Park, Md., regularmente provienen de la comunidad, casi todos los graduados prosiguen a la Escuela John Nevins Andrews.
Los educadores de ECEC en la Unión de Columbia utilizan el juego organizado e imaginativo, la música, el movimiento, y la lectura guiada para reconocer los intereses, fortalezas, y personalidad del niño. La preparación del personal los capacita para aplicar las mejores prácticas en nutrir el desarrollo del niño y minimizar o reversar los efectos de las condiciones sociales o del desarrollo, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad  (TDAH), la dislexia, el autismo, que puede diagnosticar un profesional de la salud. Sin la observación de un especialista preparado, estas condiciones podrían pemanecer sin detectarse hasta que esos niños entren al sistema escolar. Y, aunque nunca es demasiado tarde para obtener ayuda, los estudios han demostrado que mientras más temprano reciba ayuda un niño en cualquier retraso social o del desarrollo, los resultados serán mejores para el niño.

La presencia de la educación y el cuidado en la primera infancia de la Unión de Columbia provee además, mayores oportunidades de alcance y evangelismo en el sistema educativo adventista, dice Sullivan. Muchos padres de las comunidades locales están buscando cuidado de alta calidad o pre escolar para sus bebés y niños pequeños. Cuando se inscriben en el programa ECEC, los padres y los niños experimentarán el amor de Dios en acción, y serán expuestos a la continuidad de calidad de la educación primaria y secundaria disponible a sus niños durante su crecimiento.

Trudy Shiroma Koeffler sabe esto de primera mano. Ella es maestra de pre jardín y jardín de infante en la Asociación de Pensilvania. “Como educadora de primera infancia, soy ejemplo de cómo se manejan las situaciones en la clase. Si soy bondadosa, cariñosa, paciente y misericordiosa, ellos me creerán cuando les diga que Dios los ama.”

Un tercio de los estudiantes de Koeffler, en la escuela primaria adventista de Lehigh Valley, en Whitehall, Pa., no asisten a la iglesia, pero repetidamente han visto a Dios obrar en sus estudiantes al acercar a familias enteras a Él. Ella recuerda: “Recientemente tuve una maravillosa experiencia, en que uno de estos estudiantes expresó su deseo de entregar su corazón a Jesús. Este mismo estudiante se iba a mudar en enero porque su padre había recibido una promoción de trabajo. Después del programa escolar navideño, el padre se me acercó con lágrimas en sus ojos. Me dijo: ‘estamos reconsiderando el traslado porque nuestro hijo no quiere dejar esta escuela’. El siguiente día la madre me escribió una nota diciendo que tenía buenas noticias para mí. Habían decidido dejar a su hijo en mi clase hasta el fin del año escolar. Creo que el programa Cristo-céntrico ayudó a estos padres a ver el amor en nuestra escuela”.


Los sólidos comienzos importan


Desde que abrió en el 2002, Friendship Child Development Center de la Asociación de Chesapeake, en Linthicum Heights, Md., ha utilizado el juego, las manualidades, la música y juegos para desarrollar las habilidades sociales, físicas, mentales, y espirituales de sus estudiantes.
Ahora más que antes, los educadores han llegado a comprender lo importante que son los comienzos en la vida de un niño. Los padres pueden hacer mucho por preparar las  tiernas mentes de sus bebés y pequeñitos para el camino que les espera, y los maestros en la educación de la primera infancia en la Unión de Columbia están preparados, disponibles y deseosos de ayudar en este proceso.

“Es nuestro deber cristiano asegurar que todos los niños tengan acceso al cuidado y la educación de calidad en su temprana edad, porque la educación es un flujo continuo  y comienza en la infancia de donde parte para su desarrollo”, comparte Vickie Wilkerson, directora de Sharon Temple Child Care Learning Center, de la Asociación de Allegheny del Este, en Wilmington, Del. Ella añade: “Como cristianos, podemos ayudar a fomentar un ambiente saludable, seguro, bondadoso, y favorable que estimule el crecimiento y desarrollo del niño entero…donde un niño pueda prosperar y llegar a  alcanzar todo su potencial”.

Mientras los niños crecen y participan de la conversación, todos los adultos que forman parte de sus vidas pueden hacer preguntas que estimulen niveles más altos del pensamiento crítico, y animar a los niños a contar historias acerca de ellos mismos. Y es de esperarse que las historias que cuenten sean de sus encuentros personales con el Dios que siempre los ha amado–desde el mismo comienzo.

La vida de un niƱo